Nos conocimos alrededor del año 2018, sin imaginar que nuestras historias, tan distintas en origen, terminarían entrelazándose de una manera tan especial. Ambos estábamos en una búsqueda personal de Dios, y fue precisamente ese camino el que nos llevó a coincidir en la misma iglesia, como si el destino —o algo más grande— ya estuviera guiando nuestros pasos.
Él venía de Guanacaste, una tierra que lleva en el corazón. Su infancia estuvo marcada por tardes en las pozas, partidos de mejenga con amigos, platos de gallo pinto y olla de carne, y atardeceres que pintaban el cielo con una belleza imposible de olvidar. Cerca de sus 18 años, tuvo que dejar todo eso atrás para llegar a San José en busca de nuevas oportunidades, con el respaldo incondicional de sus padres y el sueño de superarse a través del estudio.
Ella es una muchacha de la capital. Desde pequeña mostró una inclinación por el orden, los detalles y las cosas bien hechas, creativa y amante de los animales. De gustos delicados, disfruta de una buena tostada francesa o un plato de pasta, encontrando belleza en lo simple pero bien cuidado.
Fue en un campamento donde nuestras historias se cruzaron por primera vez. Mientras ella permanecía enfocada en sus actividades, él buscaba hacer nuevos amigos. La conversación inicial fue breve, casi casual: nombres, procedencias y poco más. Él mencionó que venía de Guanacaste, y así, sin mayor trascendencia aparente, comenzó todo.
Después de ese campamento, seguimos coincidiendo semana tras semana en la iglesia, dentro del mismo grupo. Poco a poco, nuestros círculos de amigos empezaron a mezclarse, y con ellos, también nuestras vidas. Comenzamos a compartir más espacios fuera de la iglesia, en actividades sociales donde las conversaciones se hacían cada vez más largas y naturales.
Entre risas, historias y coincidencias, fuimos descubriendo gustos en común, como nuestro amor por el sushi. Así empezaron nuestras salidas, solo nosotros dos, a un pequeño restaurante donde el tiempo parecía detenerse. Hablábamos de todo y de nada, con una complicidad que crecía sin que nos diéramos cuenta.
Sin prisa, el amor fue echando raíces. Lo que comenzó como una amistad sincera empezó a transformarse. Él comenzó a mirarla de una manera distinta, ya no solo como amiga, sino como alguien especial. Para ese entonces, ella también empezaba a abrirle las puertas de su mundo, invitándolo a compartir momentos con su familia.
Y entonces llegó ese primer beso… y luego otros más. Fue ahí cuando todo cambió. Lo que antes era amistad se convirtió en un noviazgo lleno de ilusión y propósito.
Como pareja, hemos vivido momentos de todo tipo. Algunos han sido desafiantes, otros profundamente felices, pero todos han sido necesarios. Cada experiencia nos ha enseñado, nos ha moldeado y nos ha hecho crecer. Hemos tenido la bendición de conocer diferentes países juntos, de maravillarnos con nuevos paisajes, pero también de aprender a disfrutar lo más simple: un abrazo sincero, una tarde tranquila, el amor por los perritos y el valor inmenso de nuestras familias.
Y así, entre viajes, aprendizajes y sueños compartidos, llegó uno de los momentos más importantes de nuestra historia. En un viaje cuidadosamente planeado, con el corazón lleno de emoción y esperanza, él hizo la pregunta que cambiaría el rumbo de nuestras vidas para siempre.
Y ella dijo que Sí.
Queremos decir sí ante quienes más amamos. Gracias por ser parte de este capítulo.
Sabado, 28 de marzo de 2026
🥂 Almuerzo Fecha y Hora: 2:00 p.m.
Restaurante Da Francesca, Casa esquinera.
150 Mts Sur de Correos. O de Pali, 300 Mts Oeste y 50 Mts Sur, Santo Domingo de Heredia Costa Rica.